Cincuenta y algo de citas

Marc, la sucia rata (Marc y el Policía, extracto)

2019.02.22 18:45 0010110101102011 Marc, la sucia rata (Marc y el Policía, extracto)

MARC Y EL POLICIA
-¿Cómo se llama?
-¿Usted es policía o algo así?
-Algo así.
-Y, dígame, "Algo así", ¿usted cree que decirle mi nombre me dará una razón para vivir?
-. Las preguntas las hago yo.
-¡Guau!, igual que en las series de televisión, oficial.
-No soy un oficial. Dígame cómo se llama
-Marc. Para los amigos: La Sucia Rata.
-¿Por qué quiso arrojarse bajo las ruedas de ese tren en marcha?
-Si hubiese intentado arrojarme bajo las ruedas de un tren detenido, mi caso seria mucho más grave, oficial.
-No me llame oficial y responda lo que le pregunta ¿Por qué quiso tirarse bajo un tren?
-Porque quería vivir una experiencia nueva.
-Una experiencia suicida.
-Su sagacidad me impresiona.
-Vea, Marc, usted le ha provocado a los ferrocarriles del estado un gran trastorno.
-Confiaba en que sería el último, oficial.
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-¿Por qué anda vestido así?
-¿Así cómo?
-Con aspecto de pordiosero.
-Mi aspecto no me preocupa, oficial, de todos modos no soy como me gustaría ser.
-¿Pero usted no tiene ninguna vocación?
-Sí, tengo una, vocación de suicida. Esa es la mía. Soy un perfecto inútil.
-No se apresure Marc, nadie es perfecto, quiero decir nadie es inútil.
-Qué fallido, oficial.
-No sea sarcástico. Cualquiera tiene alguna utilidad, sólo hay que tratar de encontrarla. Todos los seres existen para algo. Hasta usted.
-¿Está tratando de ayudarme o está diciendo su discurso del adiós?
-Estoy intentando entusiasmarlo con la vida.
-Lo único que consigue es desalentarme, oficial.
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-Algo tiene que hacer, Marc, trabajar, estudiar, lo que sea, pero no puede pasarse la vida sin hacer nada.
-Oficial, me defrauda una vez más, ¿usted cree en la acción por la acción?
-Lo que yo creo es que tiene que hacer algo, nadie puede estar bien de la cabeza sin hacer nada.
-La acción es sólo un gasto de energía, oficial, no es más que epilepsia.
-¿Y para no ser un epiléptico, usted no hace nada en todo el día?
-Sí que hago oficial.
-¿Qué hace?
--Me tomo el trabajo de respirar quince veces por minuto.
-¿Y cuando está en su casa, respira y mira el techo?
-No, oficial, escribo.
-¿Escribe qué?
-Un libro.
-Ah, entonces usted es escritor. No será como ser abogado, pero ya es algo. ¿Y cómo se llama su libro?
-"Los Pro y los Contra de Hacer Dedo".
-Bueno, el título siempre puede cambiarse por uno mejor..., ¿para cuándo piensa terminarlo?
-Para dentro de dos o tres años, si la policía no me interrumpe antes.
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-¿Pero usted se negó a responder?
-Por supuesto, oficial, cualquier otro ciudadano en mi lugar hubiese hecho lo mismo.
-¿Y él cómo reaccionó?
-Se enfureció, golpeó el escritorio y me trató de subnormal.
-¿Y entonces fue cuando usted se puso loco?
-Digamos que me puse peor, oficial, porque loco estoy siempre.
-¿Y qué hizo?
-Le dije que yo no estaba dispuesto a dialogar con alguien cuya calidad humana desconocía.
-¿Y qué necesita conocer del jefe de policía?
-No sé... Saber si cultiva petunias en otoño, por ejemplo.
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-¿Por qué uno no puede suicidarse tranquilamente, oficial?
-Porque es horrible desear la muerte.
-La muerte no es algo horrible, oficial, es sencillamente no estar más. Yo, antes de nacer, no estaba en esta vida, y eso nunca me molestó. Puede creerme.
-Los que se suicidan jamás podrán ir al paraíso.
-Sí, ya lo sé. Ahí irán los policías, los abogados, los religiosos, los psicólogos y los porteros, la gente limpia. Yo soy una sucia rata, oficial. A mí el paraíso celestial, con sus angelitos tocando todo el día esas insufribles arpas, me resultaría más insoportable que el infierno.
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-Tenía que ser usted... Dígame qué está haciendo en esta esquina.
-¿Prefiere que le cuente la verdad o que le responda algo que usted pueda creer?
-No intente confundirme y dígame qué está haciendo acá.
-Estoy esperando a una chica.
-Justo aquí, frente a la central de policía. ¿Cómo se le ocurre hacer una cita en este lugar?
-De la misma manera que se me ocurriría hacer una cita en otro lugar.
-¿Entonces por qué no se le ocurrió citarla en otro lugar?
-Fue ella la que me citó a mí.
-Y no vino.
-¿Cómo lo sabe?
-Porque lleva más de una hora en está esquina.
-Su informe es correcto, oficial.
-El comisario general lo ha visto desde su ventana y ha preguntado quien es ese sospechoso.
-Dígale que no tiene porqué preocuparse, que soy yo esperando a una chica.
-Pero usted está completamente loco.
-Sí, desde que era un espermatozoide. Entre nosotros, oficial, ¿usted cree que vendrá?
-Usted está loco.
-Eso ya está aclarado, oficial, lo que le pregunto es si cree que ella va a venir.
-El que hace las preguntas soy yo.
-Esa frase la sacó de alguna serie de televisión
-Es imposible hablar con un loco.
-Depende, oficial, hay locos y locos.
-Terminemos.
-Eso es lo más sensato que le he escuchado decir.
-Terminemos.
-No hace falta que lo repita, le dije que era lo más sensato que le escuché, pero tampoco es una genialidad como para andar repitiéndola, oficial. De todas maneras, como usted dice, "terminemos”, esto no da para más. Yo seguiré aquí esperando a mi chica y usted puede ir tranquilo a explicárselo a todas las unidades.
-¿Usted cree que me ha convencido con esa absurda historia de que espera a una chica frente a la central de policía?
-No quiero que piense que la voy de sagaz por la vida, pero en ningún momento lo vi muy convencido.
-Dígame qué está haciendo acá.
-Si le digo realmente por qué estoy aquí me lo va a creer menos que la historia de la chica. -¿O sea que me mintió?
-No exactamente.
-¿Qué quiere decir con eso de "no exactamente"?
-Que no es que le haya mentido sino que no quise alterar su equilibrio mental Esa historia de la chica me pareció lo más acorde a su estructura de pensamiento. -Terminemos.
-Eso ya lo dijo antes y después empezó de nuevo.
-Porque usted le ha mentido a la policía.
-Pero, oficial, ¿qué esperaba que hiciese? El día que todos le digamos la verdad a la policía va el mundo entero a la cárcel, menos la policía, claro.
-¿Qué dice?
-Nada importante, oficial, estaba reflexionando en voz alta.
-¿Reflexionando?
-Sí, es una costumbre que tenemos los desuniformados.
-Dígame de una vez por todas qué está haciendo frente a la central de policía.
-¿Antes o después?
-¿Antes o después de qué'?
-¿Antes de que llegara usted o ahora?
-Antes. ¿Qué estaba haciendo, antes, en actitud sospechas frente a la central de policía?
-Estaba esperando que me matara una bala perdida.
-Eso es lo más inverosímil que he escuchado en toda mi vida.
-¿Ve? Lo que a usted le parece inverosímil, para mí es lo más natural. No hay caso, oficial, usted y yo no vamos a entendernos jamás.
-Desaparezca inmediatamente de mi vista.
-¿Desaparición instantánea como de ciencia ficción?, ¿o puedo irme caminando?
-Hágalo como quiera, pero ya mismo.
-Si llego a desaparecer como en las películas de ciencia-ficción a usted lo internan.
-Váyase.
-Me voy, pero cierre los ojos y cuente hasta ciento cincuenta porque yo camino despacio, oficial.
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-¿Qué hace en un tugurio como éste?
-¿Me recomienda otro mejor, oficial?
-Cállese. Las preguntas las hago yo.
-Oh, Harry, qué duro estás hoy, no he hecho nada malo Harry, no soy un buscapleitos, sólo estaba tratando de divertirme con mi chica y mi navaja.
-Deje de hablar de ese modo.
-¿No le gusta mi voz?
-No me gusta nada de usted, Sucia Rata Marc, ni siquiera su nombre.
-Justo hoy, oficial, qué pena.
-¿Qué tiene de particular el día de hoy?
-Que llueve y necesito un poco de ternura.
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-¿Qué tal, Marc, cómo se encuentra?
-Socialmente desfasado.
-¿Qué fue lo que ocurrió en el banco?
-Le regalé un puñado de maníes a cada cajero.
-¿Por qué hizo eso?
-¿Le digo la verdad o le invento algo más creíble?
-Dígame la verdad.
-Porque hoy es lunes, oficial.
-¿Y qué tiene que ver que hoy sea lunes?
-Que los lunes el zoológico está cerrado Yo no tenía ni idea de que hoy era lunes y ya había comprado los manies.
-Dígame por qué fue al banco. Pero esta vez quiero que me cuente la verdad, ¿entendido? -Ya se la conté, oficial.
-Entonces ahora invente algo más creíble.
-El plan lo ideó Henry. En el grupo somos tres: Henry, que es el cerebro, Johnny, que es la fuerza bruta y yo.
-¿Y usted qué viene a ser?
-El asesor espiritual del grupo. Como le decía, el plan lo ideó Henry, pero a Johnny, que es demasiado musculoso, el traje de viejita inválida le iba fatal, por eso a mí se me ocurrió distraer la atención tirándoles maníes a esos lechosos cajeros.
-¿Y por qué no se puso usted el traje de viejita?
-No me diga que se creyó esta historia, usted me da miedo, oficial, no puede ser que sea tan geométrico.
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-Oficial, mis amigos hacen apuestas.
-¿Apuestas?
-Sí. Eso es ilegal, ¿verdad?
-Depende, ¿hacen apuestas por dinero?
-Claro, qué gracia.
-¿Y a qué apuestan?
-Unos a que voy a suicidarme y otros a que no lo voy a hacer nunca.
-Sus amigos están locos.
-Si no lo estuvieran no serían amigos míos, oficial. Lo que yo quiero saber es qué opinión le merece eso de que hagan apuestas conmigo como si yo fuese una bolilla de lotería.
-Opino que lo único que le interesa a usted es ser un centro de atención y vive haciendo disparates para conseguirlo.
-Le pedí su opinión, oficial, y no que me clasificara según su manual para guardianes del orden. ¿Usted apostaría a que voy a suicidarme o a que no?
-Los policías no hacemos apuestas.
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-Feliz día de la locura, oficial.
-¿Así que hoy es el día de la locura?
-Sí, oficial, festéjelo en familia.
-¿Y quién declaró ese día?
-Habrá sido algún loco suelto, oficial.
-Por casualidad, ¿llamado Marc?
-La sucia rata de Marc, efectivamente.
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-¿Esa gente son amigos suyos?
-Sí, son amigos míos, pero no me pregunte de dónde ni cómo se llaman porque no tengo ni la más remota idea.
-¿Y que hace usted aquí con estos drogadictos?
-Somos buenos amigos, oficial.
-¿O sea que usted también es drogadicto?
-Eso de "drogadicto" es sensacionalismo, oficial, digamos que la droga y yo nos llevamos estupendamente.
-Ahora comprendo.
-No lo puedo creer.
-Es la droga la que le hace decir tantas estupideces.
-Si fuera así usted tendría que confesar con que se da, oficial.
-No haga el papel de joven rebelde.
-Okey, oficial, pero déjeme ir.
-Lo voy a dejar ir con una condición.
-La que quiera.
-Que se presente en la comisaría el lunes a las siete de la mañana.
-Lléveme arrestado ya mismo.
-¿Qué dice?
-Oficial, soy absolutamente incapaz de levantarme a las siete de la mañana. (-------------------------------------)
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2018.06.28 22:42 master_x_2k Enredo IV

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Enredo IV

“Gracias a un esfuerzo dedicado de los miembros de los equipos de Custodios y el Protectorado de Brockton Bay, la pandilla local, el 'ABB' o Azn Bad Boys, ha caído.”
Brian y yo habíamos llegado al departamento justo a tiempo para ver el boletín en las noticias. Lisa, Alec, Perra y los tres perros estaban reunidos en los sofás.
“Los héroes de la hora son los jóvenes miembros de los Custodios, Clockblocker y Vista, que jugaron un papel fundamental en encargarse de una crisis con una superbomba, supuestamente utilizada por la supervillana Bakuda en un intento de tomar como rehén a la ciudad y garantizar su seguridad. Mientras que los expertos en la escena se negaron a ofrecer números fijos, una capa local fue citada diciendo que la superbomba podría haber tenido un rendimiento de nueve mil kilotones de energía. Este dispositivo, que contiene energía a la par con bombas nucleares convencionales, se fabricó con materiales domésticos extraídos del área, después de que la lucha en los muelles y la presión de las autoridades locales obligó a la presunta creadora de la bomba a trasladarse a un cobertizo abandonado hace unos días. Si no fuera por los esfuerzos de los Custodios, este podría haber sido un día trágico para nuestra nación.”
“Por mucho que podamos desear un período de sobria reflexión, otros villanos locales han mostrado poco interés en dejar pasar los asuntos recientes. Menos de una hora después de que el presunto líder del ABB, Lung y la presunta cómplice Bakuda, fueran detenidos, las oficinas centrales de Medhall Corporation fueron atacadas por fuerzas armadas, en un altercado que llamó la atención de los miembros del grupo villano ario local Imperio Ochenta y Ocho. Esto parece haber provocado una erupción de más de seis incidentes importantes en la última hora-”
Lisa apagó el televisor, volteándose en el sofá para mirarnos a Brian y a mí. “Les daré la versión corta. Los Viajeros acaban de golpear una galería de arte y a un aeropuerto en el lapso de una hora. Coil e Imperio Ochenta y Ocho aparentemente están tratando de recuperar el tiempo perdido y están a solo un pelo de la guerra abierta en las calles. Los Comerciantes, el grupo de Skidmark, se están aprovechando del caos e intentando hacer lo que hizo la ABB, pero con los traficantes de drogas locales y cero control sobre su situación... no llegarán lejos, pero estoy segura de que están teniendo una gran fiesta de saqueos.”
“Entonces el alto el fuego ha terminado”, hablé. ¿No se suponía que las cosas mejorarían con la eliminación del ABB? ¿Por qué me sentía parcialmente responsable de esto?
“Es como si todos estaban listos en la línea de salida, listos para moverse en el instante en que sonara el silbato”, dijo Alec.
“Excepto nosotros”, señaló Brian.
“No necesariamente”, Lisa negó con la cabeza, “Cinco minutos después de que Medhall fue golpeado, recibimos un mensaje del jefe. Él tiene un trabajo que quiere que hagamos, quizás el más grande hasta ahora, pero el límite de tiempo es corto. Por eso los llame aquí.”
Brian se cruzó de brazos.
“Aquí está el problema”, dijo, “La moral está baja. La ciudad está asustada, y las cosas no se están calmando como esperaban las personas. ¿El hecho de que todos hayamos esquivado una bala con esta cosa de la superbomba? No ayudó.”
Tecleó en su computadora portátil mientras hablaba: “Para colmo, no se ve bien cuando las noticias locales se enteran del hecho de que una gran parte de la lucha contra el ABB estaba siendo llevada a cabo por villanos. ¿Me captan? Entonces, con la idea de que estaban planeando una recaudación de fondos ahora, el alcalde está promoviendo una función para ayudar a vender la idea de que fueron los chicos buenos los principales jugadores aquí. ¿Resultado final? Una fiesta de recaudación de fondos-celebración que involucra al Protectorado, Custodios, las fuerzas del ERP, policías y todos esos tipos. Esta noche. La mayoría de los Custodios y New Wave van a tomar el relevo mientras tanto, para mantener la ciudad protegida, porque el alcalde está dando prioridad a las relaciones públicas aquí.”
“No me gusta la dirección en que va esto”, le dije.
Cogió su laptop y la colocó en el respaldo del sofá, mirándome a Brian y a mí. La página mostraba detalles sobre la celebración, tenía vínculos con los vendedores de boletos y lucía una imagen de un grupo de personas con trajes de etiqueta y vestidos. “El Protectorado y algunos de los Custodios van a estar allí con la elite de Brockton Bay, sus amigos y familiares, y cualquier persona dispuesta a pagar el dinero por un boleto. El jefe quiere que nosotros, y cito, 'los avergüencen', fin de cita.”
Hubo algo de silencio aturdido. Eché un vistazo a Perra y Alec, y de sus expresiones deduje que ya habían escuchado esto. Sin embargo, a diferencia de la situación que tuvimos con el atraco a un banco, no parecían tan motivados.
Brian comenzó a reírse. Después de un rato, su risa se convirtió en una risa fuerte.
No esperé a que terminara antes de decir mi opinión, “¿Estás loca? Quieres que, que, ¿Interrumpamos una fiesta, jodamos a todos los presentes y entonces nos larguemos antes de que seamos arrestados por-?” Luché por encontrar las palabras, “¿¡Por la mitad de los putos héroes en Brockton Bay!?”
“Básicamente”, dijo Lisa, levantando las manos como para hacer que me calmara, “aunque probablemente sea más como un tercio de los héroes de la ciudad.”
“Claro”, le dije, “sin ánimo de ofender, Lisa, me caes bien y todo, pero como que subestimaste la cantidad de héroes que aparecerían en el robo bancario también. No olvides que un grupo de héroes vinieron de fuera de la ciudad para ayudar con la situación del ABB, y podrían quedarse para la fiesta posterior.”
“Es cierto”, admitió, “pero aún-”
“¿Y el plan es fastidiarlos?”, Pregunté, incrédulo, “No solo ellos, tampoco, pero esa fiesta probablemente sea atendida por el alcalde, el fiscal, el jefe de policía... ¿Estás consciente de que si intentamos esto y cualquiera de nosotros es capturado, sería más o menos un viaje de primera clase a la Pajarera?.”
“Lo siento, Lis, es un no”, le dijo Brian, todavía parecía divertido, “estoy perfectamente contento dejando que todos los demás grupos hagan lo suyo por un tiempo. Hicimos nuestra parte, y no tenemos nada que perder en relajarnos por un tiempo.”
“Sí. No entiendo el punto”, dijo Perra, rascando la parte superior de la cabeza de Brutus.
“No encontrarás a nadie más dispuesto a ponerse un poco loco que a mí”, Alec le dijo a Lisa, “Pero estoy con Perra. Es un gran riesgo, un montón de problemas. ¿Para qué? ¿Pellizcarles la nariz a los buenos?”
“El jefe está dispuesto a pagar”, dijo Lisa. “Con otras consideraciones.”
“¿Consideraciones?” Pregunté.
“Tienen que entender”, suspiró Lisa, “No estoy en desacuerdo con lo que están diciendo, pero lo que puedo decir es que esta es una prueba. El jefe quiere ver si podemos lograr esto, y si podemos, somos mucho más valiosos para él. Mucho más valiosos.”
“O tal vez la prueba es si somos lo suficientemente inteligentes como para rechazar una misión condenada”, señaló Brian.
“Tal vez”, admitió Lisa, “no lo creo, pero no negaré que sea posible.”
Brian le preguntó: “¿Podemos rechazar esto? Quiero decir, nunca nos obligó a tomar un trabajo.”
“Podríamos”, no parecía feliz.
Frunció el ceño, “Creo que son cuatro votos en contra, como mínimo. Suponiendo que vas a votar a favor de este plan, ¿Lis?”
“Sí”, respondió ella.
“Bueno, a menos que hayamos cambiado de un sistema de voto mayoritario, creo que se puede decir al jefe 'gracias, pero no'”, dijo. Cuando ella no respondió, él se volvió hacia mí, “¿Quieres tratar de armar la mesa de la cocina y la mesita de noche? Te puedo invitar a un almuerzo tardío, si-”
“¡Doscientos cincuenta!”, Lisa lo interrumpió.
Él la miró, “Doscientos cincuenta...”
“Mil”, terminó por él, dejando caer sus brazos a su lado, casi derrotada. “Para cada uno. Maldición. Quería que ustedes estuvieran a bordo antes de impresionarlos con la cantidad. Suena desesperado cuando lo digo así, pero no puedo dejar que se vayan sin decirles lo que rechazaríamos.”
La suma nos hizo pensar.
“Para ser claros... Un millón, doscientos cincuenta mil dólares, divididos entre cinco”, dijo Alec, “¿Por esto?”
“Como dije”, Lisa sonrió un poco, “El trabajo más grande hasta ahora.”
“Si el jefe nos ofreciera un cuarto de millón de dólares para acercarse a esos tipos y entregarnos, no sería un escenario muy diferente”, señalé.
“Claro que sí”, replicó Lisa, “Realmente tenemos una oportunidad de superar esto.”
“Una posibilidad muy, muy pequeña”, señalé.
“Una oportunidad”, dijo. “¿Pero si hacemos esto? ¿Si le demostramos al jefe que valemos su tiempo? Ascendemos. Obtenemos más dinero, obtenemos más equipamiento, más información, obtenemos una voz en cuanto a la dirección de sus planes a largo plazo, todo lo cual puede traducirse en un mayor respeto en la comunidad de capas.”
“¿Una voz?” Pregunté, “¿Qué quieres decir?”
“Reunirnos con él, discutir lo que hacemos a continuación y por qué.”
Mi mente comenzó a correr con las implicaciones de esto.
“Estoy cambiando mi voto”, dijo Alec, “Por tanto dinero, como que resuelve el problema que tenía con el trabajo, que era que no tenía mucho punto. Un cuarto de millón de dólares son muchos puntos.”
“Dos a favor, tres en contra”, dijo Lisa. “¿Perra?”
Perra frunció el ceño, “Déjame pensar.”
Esta era una oportunidad para conocer a nuestro empleador, en un futuro no muy lejano. La pregunta era: ¿quería tomarla? Había estado posponiendo las cosas, evitando el problema, tratando de no pensar demasiado en mi plan de juego, sobre entregar a estos muchachos cuando tuviera la última pieza de información que necesitaba sobre cómo corrían las cosas, de dónde venía el dinero. Ahora tenía que hacer una llamada.
Todo el tiempo, me había estado diciendo a mí misma que los entregaría. Daria la información al Protectorado. Pero mi corazón no estaba realmente decidido. Significaría traicionar amigos. Si bien no me desagradaban Alec o incluso Perra, mis pensamientos estaban puestos en Lisa y Brian. Quiero decir, bueno, Lisa fue mi primera verdadera amiga desde Emma. En cuanto a Brian, me gustaba, lo respetaba. Odiaba la idea de hacerles lo que Emma me había hecho. Traicionar amigos.
Había renunciado a la idea de ganar respeto o prestigio por entregarlos. Quiero decir, cometí un delito grave, tomé rehenes, ataqué a otros héroes, casi maté a un hombre, luego arranqué los ojos de esa misma persona un par de semanas después.
Y podría vivir con esa parte, con no obtener crédito o elogios ni lo que sea. Pude verme volando por debajo del radar por un tiempo. Tal vez desempeñando el papel de un vigilante evitando la atención tanto del héroe como del villano, si realmente estaba ansiosa por salir de traje. O ver si tal vez, solo tal vez, podría intentar obtener el mismo trato que Shadow Stalker, convertirme en un miembro a prueba de los Custodios. Inicialmente me alejé de los Custodios por la preocupación de que sería demasiado similar a la secundaria... pero yo había cambiado en las últimas semanas. Le hice frente a Emma dos veces. Tres veces, si contaba la reunión. Tenía un poco más de agallas que hace un mes. Podía imaginarme trabajando junto a un grupo de superhéroes jóvenes que me resentía como una especie de penitencia por mis acciones malvadas, y ese era un cambio bastante grande de antes de siquiera salir de traje, cuando la sola idea de unirme a ellos era difícil de procesar.
El problema era que ir por ese camino era un caos de ‘tal vez’ y ‘posiblemente’, cada paso un lío de posibles desastres. ¿Qué pasa si me arrestaran en lugar de ofrecer membresía probatoria en los Custodios? ¿Qué pasa si los Undersiders escapaban del arresto y vinieran por mí? ¿O mi papá?
Todo se redujo a las personas que estaban en la habitación conmigo. No era solo que los traicionaría como Emma lo hizo conmigo. ¿Era lo suficientemente valiente como para pasar por lo que pase con Emma, ​​con personas que quería y admiraba convirtiéndose en mis peores enemigos?
Y si no elegía, no decidía... Bueno, si lo pospongo más, la única diferencia de quedarme para siempre por elección propia sería una buena medida de auto engaño de mi parte. El tiempo que pasé con Brian lo dejó bastante claro.
“Creo que... podría cambiar mi voto”, expresé el pensamiento en voz alta mientras lo formaba.
Hubo miradas de sorpresa de todos los presentes, excepto los perros. Lisa, especialmente, se sacudió un poco en reacción a mi declaración.
Me tomó todo lo que tenía para mantener mi fachada intacta. Al final del día, lo que me asustaba más que perder amigos y hacer que me odiaran, más que vinieran tras de mí o de mi papá, era la idea de que me odiaría a mí misma. Que me odiaría uno, cinco, diez o veinte años más adelante, por traicionar mis principios y por tomar una mala decisión con amplias implicaciones. Odiarme por tomar un camino que podría llevarme a ir a la cárcel sin posibilidad de ser rescatada por Armsmaster, o por un camino que me llevaría a lastimar a alguien inocente tanto como había lastimado a Lung y Bakuda.
Seguir con los Undersiders era una ganancia a corto plazo, claro, pero ¿a largo plazo? Tenía que seguir con mi plan original y tratar de convencerme de que lo hacía por el bien de todos.
Alec levantó sus cejas. “De Verdad.”
“¿Qué?” Pregunté.
“Eres la última persona que hubiera esperado que cambiara su voto, torpe”, dijo, “Eres cuidadosa, y este es el trabajo menos cuidadoso que hemos tenido hasta ahora.”
“Cambiar mi voto es depende de si podemos idear un plan que tenga una posibilidad decente de que escapemos intactos”, aclaré.
“Aun así, usualmente eres la sombra de Brian, haciéndole eco”, dijo Alec.
“Gracias, Alec,” Brian frunció el ceño. Brian se volvió hacia mí, frunciendo el ceño con preocupación, “¿Estás segura?”
“No totalmente”, admití, “y lo siento, por no respaldarte.”
“Eres un miembro del equipo, tienes tu propia voz.”
“¿Qué cambió tu mente?” La pregunta vino de Lisa.
Tuve que evitar disparar las alarmas con ella. La forma más segura de hacerlo sería seguir con la verdad o algo muy parecido.
“Me molesta que no sé quién es nuestro empleador. Hay algunas posibilidades realmente feas, y preferiría saber más pronto que tarde, si fueran el caso.” Ahí, verdad suficiente.
“Lo admito”, admitió Brian, “tengo curiosidad. Es... No creo que tenga curiosidad suficiente como para querer tomar este trabajo.”
“Si la niña escuálida va a hacer esto, no retrocederé”, dijo Perra. “Cambiaré mi voto también.”
“¿Chica?” Le pregunté, “escuálida, seguro, pero probablemente soy un año más joven que tú, como mucho.”
Lisa nos detuvo, inclinándose hacia un lado para ponerse entre Perra y yo. “Tenemos que mantenernos en el tema, ya que solo hay unas pocas horas para planificar y prepararse. Tenemos cuatro votos a favor, uno en contra. Parece que esto va a suceder.”
Brian suspiró.
“Lo siento”, murmuré mi segunda disculpa.
Él puso su mano sobre mi hombro, “Está bien.”
Noté que él no movió su mano de mi hombro de inmediato.
Distrayéndome, le pregunté a Lisa: “Entonces, ¿cómo hacemos esto?”
Ella comenzó a delinear un plan.

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2018.05.02 01:41 master_x_2k Agitación XI

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_____________________Agitación XI_____________________

Me estrellé contra la silla de la oficina detrás de mí y tanto la silla como yo caímos al suelo. La armadura de mi máscara se había llevado lo peor del golpe, pero todavía dolía tanto como cualquier cosa que hubiera experimentado alguna vez.
La chica me fulminó con la mirada desde detrás de su mata de pelo marrón rizado. En sus manos estaba agarrando un extintor de incendios. Detrás de ella, más allá de las luces que parpadeaban en mi campo de visión, pude ver a los rehenes corriendo por las escaleras. Era desorientador, porque los insectos que les había dejado me decían que todavía estaban en la esquina del vestíbulo, quedándose quietos. Podía sentir que una araña se movía ligeramente cuando la persona que estaba montando exhalaba, luego se estremeció un poco, incluso cuando vi a esa misma persona tropezando y casi cayéndose en las escaleras en su prisa por escapar.
Busqué a los bichos, intenté decirle a uno que se moviera, y todo salió mal. No hubo palabras para describirlo exactamente. Era como una realimentación o acople. Si mi cerebro hubiera sido una computadora, tuve la sensación de que solo recibiría cientos o miles de mensajes de error apareciendo en la pantalla. También era doloroso, multiplicándose hasta que sentí que mi cerebro estaba siendo utilizado como saco de boxeo.
Presioné mi mano contra mi cabeza, haciendo una mueca ante el dolor, y no fue solo por haber sido golpeada con un extintor de incendios. El dolor de cabeza ahora estaba en niveles casi de migraña, y desesperadamente quise arrancarme la máscara e intentar vomitar, aunque solo fuera para aliviar las náuseas que estaban surgiendo. Me estaba haciendo una idea de por qué me había sentido tan mal.
“¿Qué mierda hiciste?”, Le pregunté a la chica.
“No necesitas saber eso”. Blandió el extintor contra mi cabeza y yo me aparté del camino, agarrando el borde de una mesa para ponerme en pie mientras lo hacía.
Ella no me persiguió. En cambio, buscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó un teléfono celular. Ella comenzó a marcar un número en el teclado numérico con una mano y la otra sosteniendo el extintor de incendios. Sus ojos estaban fijos en mí.
No había forma de que yo la dejara hacer esa llamada, a quien sea que estuviera marcando. Me puse a la ofensiva, lanzándome hacia ella cuando alcancé el compartimiento blindado que estaba a mi espalda y recogí el bastón extensible. Apreté el gatillo y lo dejé caer hacia un lado. Cincuenta centímetros de aleación pintada de negro con una punta pesada salieron del mango cubierto de espuma.
Sus ojos se agrandaron cuando lancé un golpe con el bastón, pero tuvo la agilidad mental para soltar el teléfono y levantar el extintor para bloquear el ataque. Su agarre en el extintor de incendios no era lo suficientemente bueno para que ella lo mantuviera agarrado, por lo que se estrelló contra el suelo. Ella se alejó en lugar de arriesgarse a intentar levantarlo de nuevo.
La chica retrocedió mientras avanzaba hacia ella. Me detuve cuando estaba parada sobre su teléfono celular. Me desplomé y enfundé mi bastón, luego me incliné y recuperé el extintor. Rompí el teléfono con el extremo del mismo.
“Mierda. Me gustaba ese teléfono “, murmuró.
“Cállate”, repliqué, el dolor hizo que mi voz se forzara, más duramente afilada, “¿Qué mierda me hiciste?” Presioné la muñeca de mi mano libre contra mi frente, como si la presión pudiera ayudar a evitar el dolor.
“Yo… no creo que te lo diga.”
“¿Quién carajo eres, y a quién intentabas llamar?”
“En realidad, era un mensaje de texto, no una llamada, y se envió”, dijo. Entonces ella me sonrió.
En el mismo momento en que pronuncié la palabra ‘Quién’, una de las ventanas al costado del banco se hizo añicos. Un borrón de blanco y dorado se estrelló contra el centro del vestíbulo lo suficientemente fuerte como para enviar fragmentos de baldosas de mármol que se deslizaban por el suelo hasta mis pies, a medio camino a través de la habitación.
La figura se enderezó, se sacudió el polvo y se volvió para mirarme. Casi casualmente, ella le dio un revés a la mesa de mármol y roble a su izquierda que contenía todos los retiros y los recibos de depósito. Con ese movimiento perezoso de su brazo, aniquiló la mesa, causándole tanto daño que nadie volvería a armarla nunca más.
Es humillante admitirlo, pero casi me orino. No estoy seguro de que mi reacción hubiera sido muy diferente si ella no tuviera un poder que la hiciera totalmente aterradora. Literalmente, eso es lo que hacía su poder. ¿Había hecho algo atroz en una vida pasada, para merecer ir contra Lung en mi primera vez en traje, y Glory Girl en mi segunda?
“Hola, hermana”, Glory Girl inclinó la cabeza hacia un lado, para mirar a la chica de cabello castaño, “¿Estás bien?”
La niña, que no podía ser otra que Amy Dallon, Panacea cuando estaba de traje, le ofreció a Glory Girl una radiante sonrisa, “Lo estoy ahora.”
La hermana de Glory Girl había estado entre los rehenes. Maldición. Al menos sabía quién era ella ahora. Podía sanar con un toque, y si lo que le había hecho a mis poderes era una indicación, ese no era el alcance total de sus habilidades. Glory Girl y Panacea eran celebridades, incluso si Panacea en general había evitado el foco de atención últimamente. Estaban entre los héroes locales más famosos, posiblemente entre las capas menores de edad más poderosas, estaban enojadas conmigo y yo estaba atrapada en una habitación con ellas.
Y mis poderes no estaban funcionando.
Glory Girl se acercó a mí y me apresuré a alcanzar a Panacea. Ella hurgó con fuerza mi traje, tratando de agarrar mi guante, luego mi máscara, pero en el momento en que saqué mi cuchillo, ella y Glory Girl se quedaron absolutamente quietas. Agarré la barbilla de Panacea y maniobré para estar parada detrás de ella, con mi cuchillo presionado contra su garganta.
“Considérate afortunada, perra bicho, que tu disfraz cubra todo tu cuerpo”, me murmuró Panacea, “O quizás te daría un ataque al corazón. O cáncer.”
Tragué saliva. No me consideraba particularmente afortunada en este punto.
“Parece que estamos en un punto muerto”, dijo Glory Girl.
“Es cierto”, respondí.
“Entonces, ¿vamos a quedarnos aquí hasta que lleguen refuerzos de un lado o del otro, inclinar la balanza a favor de alguien?”
“Podría vivir con eso. La última vez que vi, mi lado estaba ganando.”
“Ayudé a Aegis a salir de un aprieto en mi camino, así que mantiene a tus amiguitos ocupados. También deberías saber que el Protectorado está en camino de un vino y cena con los mejores de Brockton Bay en Augustus Country Club. No puedo hablar por ellos, pero sé que estaría realmente enojada si algunos pequeños mocosos me sacaran de la oportunidad de probar el mousse de chocolate del club.”
Panacea se echó a reír, “Está bueno, ¿no?”, Y luego, en voz baja, me susurró: “¿Qué tal si jodo tu paladar, pequeña terrorista? Amenazas las vidas de inocentes, puedo ir tan lejos. Puedo hacer cualquier cosa con tu biología. Hacer que todo lo que comas tenga sabor a bilis. O tal vez solo te haga gorda. Mórbidamente, repugnantemente gorda.”
“Puedes callarte ahora”, apreté mi agarre y presioné el cuchillo una fracción más fuerte contra su garganta. Entre el estrés del momento, el fuerte dolor de cabeza y el hecho de que la maldita Glory Girl estaba parada a menos de quince metros de distancia, no necesitaba que la hermanita me distrajera con imágenes de pesadilla.
Glory Girl habló, “No es solo el Protectorado tampoco. Tu acabas de tomar a un miembro de New Wave como rehén y amenazaste su vida. Hay muchas posibilidades de que mi madre, mi padre, mi tía, mi tío y mis primos también se presenten. Brandish, Flashbang, Lady Photon, Manpower, Laserdream, Shielder… ¿cómo vas a arreglártelas, entonces?
Mierda. No tuve respuesta a eso. Mantuve la boca cerrada. Apenas podia concentrarme ahora, mientras mi cabeza latía. Mi visión se tambaleaba por los bordes, y mi control sobre mis bichos prácticamente desapareció. La mayoría se había liberado de mi influencia por completo, y estaban zumbando alrededor de las lámparas o arrastrándose hacia la oscuridad. Era todo lo que podía hacer para mantenerme de pie y mantener las manos firmes.
“Suelta el cuchillo y ríndete, y me aseguraré de que sean indulgentes.”
“He leído lo suficiente sobre la ley como para saber que no tienes el poder de hacer acuerdos”, le dije, “No hay trato.”
“Bueno. Entonces supongo que esperamos.”
Pasaron unos largos momentos.
Glory Girl volvió su atención hacia su hermana, “Quería ir al centro comercial a almorzar, pero noooo”, dijo Glory Girl, “tenías que ir al banco.”
“Era ir al banco o terminar quebrada para esa doble cita a la que me estás obligando a ir.”
“Ames, el tipo con el que te estoy emparejando es un millonario de dieciséis años. No creo que sea irracional esperar que pague la cuenta por la cena y la película.”
“¿Podrían ustedes dos por favor callarse?” Gruñí.
“¿Tienen que hacerlo? Es muy informativo “, bromeó Tattletale mientras entraba sigilosamente en la habitación. Se izó hasta el borde de una de las estaciones de las cajeras, y luego saludó a Glory Girl, “Hey Glory Hole.”[1]
La cara de Glory Girl tuvo un tic.
“Oye, Tattletale”, llamé, mi voz un poco forzada, “No es que no esté contenta de verte, pero ¿podrías evitar enojar a Alexandria Junior?”
“Meh. Parece que tienes las cosas bajo control. ¿Por qué no envías a los bichos contra la reina del baile?”
“¿Reina del baile?” Preguntó Glory Girl.
“Um,” interrumpí, antes de que ninguna de ellas pudiera decir algo que comenzara una pelea, “Primero que nada, ella es invencible. En segundo lugar, una vez más, mala idea irritar a alguien que puede blandir un autobús escolar como un bate de béisbol. En tercer lugar, mi rehén aquí hizo algo para joder con mis poderes.”
“Lo último es una mierda”, simpatizó Tattletale. Luego miró más de cerca a Panacea, “Mierda. ¿Amy Dallon? Grue me va a matar, por pasar por alto eso. Te ves diferente a cuando apareciste en las noticias. ¿Estás usando tu cabello de manera diferente?”
“Tattletale”, interrumpí, de nuevo, “Menos charla, más resolución de problemas. Glory Girl dijo que el Protectorado y tal vez New Wave están en camino.”
Tattletale miró a Glory Girl, luego frunció el ceño, “No está mintiendo. Comencemos con el problema tres, ya que no te ves muy bien. ¿Tus poderes no funcionan?”
“No puedo controlar mis bichos, tengo un gran dolor de cabeza.”
“Creo que sé por qué. Déjame arreglar eso para ti”, dijo Tattletale. Saltó del puesto de cajero y comenzó a caminar hacia mí y hacia Panacea.
“No te muevas”, advirtió Glory Girl.
“¿O qué?” Tattletale giró para mirar a la niña, sonriendo, “¿Me darás una paliza? No puedes hacer nada mientras mi compañera tiene un cuchillo en la garganta de tu hermana. Sentada. Quieta. Buena niña.”
Glory Girl fulminó con la mirada a Tattletale, pero ella no se movió.
“Creo que sería mejor si te quedaras atrás”, le advertí, “Si te pones en el alcance de Panacea, ella te tocará y te dará un derrame o algo así.”
“¿Puede hacerlo? Por supuesto. ¿Lo hará? Definitivamente no. Perro que ladra, no muerde.”
“Inténtalo”, se burló Panacea. Reafirmé mi agarre y le recordé el cuchillo contra su garganta.
“Realmente preferiría evitar el tentar al destino”, le dije, con cuidado.
“Bien, bien”, dijo Tattletale, levantando las manos en un gesto de apaciguamiento. Caminó hacia el escritorio del gerente de la sucursal y abrió un cajón.
“Sacas una pistola de ese cajón”, amenazó Glory Girl, “Y te romperé en dos.”
“Ya es suficiente con las amenazas que no puedes cumplir. No es un arma,” Tattletale sonrió, levantando sus manos otra vez. Un llavero colgaba de su pulgar izquierdo.
“Llaves”, dijo Glory Girl.
“Las llaves del gerente Jeffry Clayton. Totalmente personalidad Tipo A. Dominante. El tipo de persona que adora tener el control absoluto de una reunión.”
“Antes que nada, ¿a quién le importa? Segundo, ¿cómo sabes esto?
“Vamos”, Tattletale sonrió, cruzando los brazos, “Primera regla del Villano. No le das información al héroe en un monologo.”
“Claro”, Glory Girl estuvo de acuerdo, “Siempre vale la pena intentarlo.”
“Te lo diré de todos modos.”
Glory Girl levantó una ceja.
“No hay razón para no hacerlo”. De hecho, estoy en ventaja de hacértelo saber. Soy psíquica. Leí su mente cuando lo tomamos como rehén, como estoy leyendo la tuya en este momento,” la mentira era tan buena que casi me convencía a mí.
Un destello de rojo llamó mi atención. El punto rojo de un puntero láser se posó en la capucha de la chaqueta de Panacea. Miré a Tattletale y vi que, mientras tenía los brazos cruzados, sostenía un puntero láser que estaba sujeto al llavero. Vi a Tattletale dibujar un vago círculo alrededor del punto que ella había señalado, en la chaqueta de Panacea.
“Mentira”, dijo Glory Girl, “La capacidad mental que necesitarías para interpretar y decodificar los patrones neuronales únicos de alguien necesitaría una cabeza cinco veces más grande que el tamaño normal para contenerlo todo. Los verdaderos psíquicos no pueden existir.”
“Ooh, alguien cursa Parahumanos 101 en la universidad. ¿Tus padres tiraron de algunos hilos y te metieron en un curso universitario antes de terminar la escuela secundaria?”
“Creo que ya sabes la respuesta, no estoy creyendo que hayas leído mi mente para conseguirlo.”
“¿Por qué es tan difícil de creer? Leyend puede disparar lásers de sus manos, lásers que doblan en las esquinas. Clockblocker y Vista pueden meterse con las fuerzas fundamentales del espacio y el tiempo. Kaiser puede crear metal desde el aire. La conservación de la masa, la conservación de la energía, las leyes básicas de nuestro universo se rompen por las capas todo el tiempo. Todo eso es posible, ¿pero no puedo asomarse a tu cerebro?”
Tattletale todavía estaba enfocando el puntero láser en la capucha de Panacea. Como yo era la única persona en condiciones de verlo, solo podía ser para mi beneficio. Retiré la capucha, investigué el interior y no encontré nada. Pero en la nuca, vi a una de mis arañas viudas negras.
Se la retiré gentilmente, y sentí el dolor en mi cabeza empeorar con el contacto, el movimiento. Ya sea por impulso o por reflejo cuando me estremecí ante el dolor, la aplasté entre mis dedos.
Inmediatamente, el dolor en mi cabeza se redujo a una fracción de lo que había sido. El alivio fue tan intenso que casi fue eufórico. Todavía no comprendía del todo lo que hacía Panacea, pero me estaba dando una buena idea. Ella de alguna manera había sentido lo que estaba haciendo para controlar a la araña, luego alteró las cosas para que la araña no me enviara la información correcta. Un bucle continuo de la información incorrecta, como cuando los ladrones de las películas empalmaban una alimentación de cámara de video para repetir el mismo segmento una y otra vez. Por accidente o diseño, había aumentado exponencialmente la interferencia cada vez que mi poder alcanzaba a los arácnidos en cuestión. Todo culminando en un metafórico cortocircuito de mi poder.
Apenas podía entender las sutilezas y la delicadeza que habría requerido establecerlo.
“Glory Gi-” Panacea comenzó a hablar, pero apreté mi agarre, y ella cerró su boca.
“Shhhh”, le susurré.
“Los académicos dicen que estás equivocado”.
Tattletale sonrió, “Los académicos quieren que esté equivocada, y su investigación refleja eso. La telepatía mata del puto susto a la gente, sobre todo porque la única que se sospecha es telépata en el mundo es…”
“La Simurgh”, terminó Glory Girl por ella.
“Claro. Y cuando un puto Aniquilador es tu precedente, la gente se asusta, al igual que estás asustada en este momento, ante la idea de que hay alguien frente a ti que puede encontrar tus secretos más oscuros y contarle al mundo.”
Tattletale señalaba la parte superior del brazo de Panacea ahora. Me tomó dos intentos asesinar a la araña. Antes de que terminara, Tattletale me dirigía al último, que había escondido en el tobillo de Panacea. Lo maté golpeándolo con mi dedo del pie. El dolor de cabeza desapareció por completo un segundo después.
“Por eso te llamas a ti misma Tattletale, ya veo”, decía Glory Girl, “pero eres una retrasada. Somos parte de New Wave. No tenemos secretos. Ese es el maldito punto de nuestro equipo. Héroes sin identidad secreta, sin secretos, revelación total, responsabilidad total.”
“Para que conste,” dijo Tattletale, su voz muy suave y calmada, “odio cuando la gente me llama estúpida.”
“Sin embargo, aquí están ustedes dos, y ninguna de ustedes tiene poderes que funcionen contra ninguna de nosotras. Todo lo que tienes es un cuchillo, y si lo usas, las dos mueren de la forma más dolorosa con la que crea que pueda salirme con la mía.”
“Oh cariño, ¿quién está siendo estúpido? Tengo el arma más poderosa de todas”, ronroneó Tattletale, sonriendo perversamente, “Información.”
[1] Un Glory Hole es un agujero que se hace en baños públicos por donde la gente pasa sus miembros para recibir sexo anónimo.

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2018.04.05 20:50 master_x_2k Agitación IV

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_____________________Agitación IV_____________________

“Estaré allí. Sí-” Vi una luz en la ventana de la sala y puse mi mano sobre la mitad inferior de mi teléfono celular mientras investigaba brevemente. Maldita sea, mi papá estaba en casa. Puse el teléfono en mi oreja, “Lo siento, tengo que correr. No. No. Mira-”
Cuando escuché que se abría la puerta del frente, cerré el teléfono y lo metí en mi bolsillo. Me disculparía por colgar más tarde. Definitivamente no quería que mi padre viera el teléfono. No pensaba que me prohibiría tener uno, pero desde la muerte de mi madre, los teléfonos celulares tenían fuertes connotaciones negativas. Eso, y tendría que explicar dónde lo conseguí y cómo lo pagué.
Brian me había dado tres teléfonos celulares idénticos – todos desechables – a primera hora de la mañana, y había decidido ir con él al loft en lugar de ir a la escuela. Tal como lo veía, no tenía mucha oportunidad de concentrarme en las clases con el robo del jueves ocupando mi atención además del estrés de simplemente estar allí y esperar a que aparezcan las consecuencias de haber salteado clases. Además, racionalicé, no tenía mucho sentido ir si sabía que faltaría de nuevo para ir a robar al banco. Me había prometido a mí misma que iría pasado mañana. A afrontar las consecuencias.
Pasé el día con el grupo. Rachel había salido del apartamento; los otros no especificaron por qué y no me interesaba lo suficiente como para arriesgarme a parecer demasiado curiosa al preguntar. Entonces, solo éramos Brian, Alec, Lisa y yo. Habíamos definido los detalles finales del robo y había decidido qué armas quería que Lisa le pidiera al jefe. Elegí un cuchillo de combate y una porra policial telescópica. El cuchillo serviría para emergencias y para aquellas personas que eran demasiado duras para herir con la porra. La porra, de cincuenta centímetros de largo cuando estaba completamente extendida, era para un uso más general, y ofrecía más fuerza de la que obtendría con mis puños. Lisa me había prometido que los tendría para mañana.
Después de eso, evitamos el tema del robo, por algún acuerdo tácito. No sería bueno pensar demasiado o arriesgarse a ponerse demasiado nervioso. De cualquier manera, sentí la necesidad de quemar algo de energía nerviosa, así que ayudé a limpiar el armario de almacenamiento a la hora del almuerzo, con la ayuda de Lisa y Brian. Habíamos solucionado el problema, habíamos encontrado un lugar para todo y habíamos armado la habitación con cosas que les sobraban. El material incluía un tendedero extensible, un vestidor, un colchón inflable y una mesita de noche con una lámpara adjunta. Era suficiente espacio para guardar algunos artículos de tocador, un cambio de ropa o dos, mi traje y mi equipo. Lisa pasó mucho tiempo hablando de lo que podía hacer convertir este espacio en algo mío, lo que podía comprar, cómo podía decorar, pero estaba contenta con lo que teníamos allí. Me gustaba un poco que fuera algo espartano, porque encaja con que no planeaba quedarme tanto tiempo mientras que se sentía extrañamente apreciativo de ser aceptada como parte del grupo.
Habiéndonos cansado, todos nos derrumbamos en los sofás y vimos algunas de las películas de Alec de la Tierra-Aleph[1], la Tierra alternativa con la que nuestra Tierra se había estado comunicando desde que el Profesor Haywire[2] hizo un agujero entre las realidades. Los medios de comunicación eran una de las pocas cosas que se podían intercambiar a través del agujero. Para resumir, podrías obtener libros, películas y DVDs de programas de televisión del otro mundo, si estabas dispuesto a aceptar el precio. ¿El beneficio? Pasé la tarde viendo cómo el otro universo había manejado los episodios uno y dos de las películas de Star Wars.
Realidad: todavía eran bastante decepcionantes.
Para cuando mi padre llegó, tenía chuletas de cerdo descongeladas, espolvoreadas con limón y pimienta y sentadas en una sartén, con verduras en el microondas. Cocinar era el tipo de cosa que comenzabas a hacer cuando solo tenías un padre, a menos que realmente te gustara la comida para llevar.
“Aló”, me saludó mi padre, “Huele bien”.
“Empecé la cena un poco temprano porque hay un lugar al que quiero ir, esta noche, ¿Si eso está bien?”
Trató de ocultarlo, pero pude ver un poco de decepción. “Por supuesto”, dijo, “¿Tus nuevos amigos?”
Asentí.
“Déjame cambiarme y luego te preguntaré todo sobre ellos”, prometió mientras se dirigía al piso de arriba.
Estupendo. No había tenido que responder estas preguntas anoche porque mi padre había trabajado hasta tarde. Mi mente comenzó correr tratando de anticipar preguntas y pensar en detalles creíbles. ¿Debería usar sus nombres reales? ¿O al menos, los nombres que me dieron? No estaba segura de si eso sería un abuso de confianza. Decidí usar sus nombres reales por la misma razón por la que decidí usar el mío con ellos. Simplemente prevenía los desastres si mi padre alguna vez los encontraba, lo cual era una idea aterradora, o si me llamaban.
No tenía que preocuparme que mi padre escuchara del arresto de cuatro chicos, todos los cuales tenían el mismo nombre que mis “amigos”, ya que la mayoría de ellos eran menores de edad y sus nombres se mantendrían ocultos bajo la ley. También tenía la impresión de que los tribunales no siempre desenmascaraban capas cuando los arrestaban. No estaba completamente segura de qué pasaba con eso. Parecía algo sobre lo que preguntarle a Lisa.
Para cuando mi padre había bajado las escaleras, había resuelto tratar de mantener mis mentiras lo más cerca posible de la verdad. Sería más fácil mantener todo en orden de esa manera. Eso, y odiaba mentirle a mi papá.
Mi papá se había cambiado la camisa de vestir y los pantalones de color caqui, en una camiseta y jeans. Me revolvió el pelo y luego se hizo cargo de la última parte de la cocina. Me senté en la mesa para poder hablar con él.
“Entonces, ¿qué está pasando?”, Preguntó.
Me encogí de hombros. Odiaba sentirme así de tensa cerca de mi papá. Nunca me había molestado acerca del acoso, así que siempre había sido capaz de volver a casa y dejar caer mi guardia. No podía hacer eso ahora, porque estaba que él se enterara de mis faltas a clase en cualquier momento, y mis nuevos ‘amigos’ trajeron un montón de secretos y mentiras a la mezcla también. Me sentí como si estuviera al borde de una pérdida de confianza terminal. Un error o una sola llamada telefónica preocupada de la escuela, y mi padre probablemente enloquecería, y las cosas no serían las mismas entre nosotros por mucho tiempo.
“¿Me dirás sus nombres?”, Preguntó. Puso la comida en platos y la llevó a la mesa.
“Brian, Lisa, Alec, Rachel”, confesé, “Son agradables. Me llevo bien con la mayoría de ellos.”
“¿Dónde los conociste? ¿Colegio?”
Negué con la cabeza,” quería alejarme de la escuela por un tiempo, así que tomé un autobús al centro de la ciudad para tomar un descanso. Me encontré con ellos en la biblioteca.” Verdades parciales. Realmente no se podía tomar un autobús hacia el centro de la ciudad y viceversa durante el almuerzo; lo había intentado cuando estaba evitando al trío, pero dudaba que mi padre lo investigara. Sin embargo, técnicamente me cruce con los Undersiders en la biblioteca.
“¿Van a la biblioteca a la hora del almuerzo? ¿Cómo son?”
“Brian es genial. Él es con quien he hablado más.”
“Un chico, ¿eh?” Mi papá movió las cejas hacia mí.
“¡Papá, detente! No es así”, protesté. Dudaba que Brian tuviera el más mínimo interés en mí, sobre todo porque tenía dos o tres años menos que él. Además, bueno, yo era yo. Opté por no mencionar la diferencia de edad a mi padre.
Cambiando el tema, dije, “Lisa es agradable también. Realmente inteligente, aunque no he hablado tanto con ella. Es agradable poder salir con otra chica de nuevo, incluso si ella es muy diferente de mí.”
“Si ella es inteligente, no puede ser tan diferente de ti.”
Podría haberme pateado a mí misma. No podría explicar que ella era una de los malos, mientras que yo era una aspirante a superhéroe, o exactamente cómo era ‘inteligente’. Me había arrinconado en un lugar donde no tenía una respuesta preparada, y tenía que evitar hacer eso. Buscando una respuesta, le dije: “Solo es un año mayor que yo, y ya se graduó de la escuela secundaria”. Esa era la verdad. Ella hizo trampa, pero técnicamente se graduó.
Mi papá sonrió, “Impresionante. Dime que son excelentes estudiantes que pueden servir como buenos modelos para ti “.
Podría haberme atragantado. ¿Buenos modelos de conducta? ¿Ellos? Mantuve mi compostura y me limité a sonreír y sacudir la cabeza, “Lo siento”.
“Una pena. ¿Qué hay de los demás?”
“Alec es el más joven, creo. Un poco difícil de conectar con él. Es un artista increíble, por lo que he visto, pero realmente no lo veo dibujar. Parece algo difícil hacer que se interese o se involucre en algo. Siempre se ve aburrido.” Cuando dije las palabras en voz alta, me di cuenta de que no eran exactamente ciertas. Las dos veces que había visto a Alec reaccionar ante algo había sido cuando le había gastado su pequeña broma a Brian, haciéndolo tropezar, y después de que Perra y yo estuviéramos peleando. Un toque de regodeo en su personalidad, tal vez.
“¿Y la última? ¿Rita? ¿Rachel?”
“Sí, Rachel. No me llevo bien con ella. No me agrada.”
Mi padre asintió, pero no dijo nada. Esperaba a medias la frase parental típica de ‘tal vez si tratas de mostrar interés por las cosas que le gustan’ o algún otro consejo tonto. Mi padre no me hizo eso, solo tomó otro trozo de chuleta de cerdo.
Elaboré un poco, para llenar el silencio, “Ella quiere las cosas a su manera, y cuando no lo consigue, se vuelve cruel. No sé. Ya tengo suficiente de eso en la escuela, ¿sabes?”
“Lo sé”, dijo mi padre. Fue un buen pie para que él me preguntara sobre lo que estaba pasando en la escuela, pero él no lo usó. Se mantuvo callado.
Me sentí inmensamente agradecida en ese momento. Mi papá estaba respetando los límites que yo había establecido, no presionando, no buscando más. Hizo esta conversación mucho más fácil de lo que podría haber sido, y sabía que no podía ser tan fácil para él.
Sentí que le debía algo por eso. Suspirando, admití, “Como, en la escuela. ¿La gente, eh, que me está haciendo pasar un mal rato? Como que me arrinconaron todos, el lunes. Solo, ya sabes, turnándose para insultarme. Es por eso que necesitaba alejarme y me fui al centro.” Me sentí avergonzado al decirlo, porque era lo suficientemente humillante vivirlo como para tener que contarlo, y porque se sentía tan desconectado del resto de la conversación. Pero si no lo decía en ese momento, no creo que hubiera podido.
Mi padre se quedó quieto. Pude ver cómo se componía y elegía sus palabras antes de preguntar: “¿No hay que disminuir lo mucho que apesta ser humillado así, pero no hicieron nada más?”
Levanté las cejas en interrogación mientras masticaba. Lo hicieron, más o menos, pero no pude decir ‘Usaron la muerte de mamá para joderme la cabeza’ sin tener que explicar lo de Emma.
“¿Algo como lo que pasó en enero?”, Preguntó.
Bajé los ojos a mi plato, luego sacudí la cabeza. Después de unos momentos, dije: “No. Enero fue una cosa de una vez. Desde entonces, han hecho ‘’bromas’ más pequeñas, me han molestado, pero no han repetido las actuaciones en ese frente.” Hice citas con mis dedos mientras decía ‘bromas’.
“Está bien”, dijo mi padre, en voz baja, “Es un alivio saber”.
No tenía ganas de compartir más. Uno pensaría que me sentiría mejor, después de abrirme, pero no lo hice. Me sentí frustrada, enojada, incómoda. Fue un recordatorio de que no podía tener una conversación real con mi padre como solía hacerlo. Más que nada, me sentí culpable. Parte de la culpabilidad se debía a que aparentemente había dejado que mi padre pensara que cada vez que me intimidaban, era como había sido ese día, hace casi cuatro meses, cuando las cosas habían empeorado. Apuñale un poco de grasa con mi tenedor.”
“¿Cuándo ibas a salir?”, Preguntó mi papá. Eché un vistazo al reloj digital en la estufa y noté la hora.
Me alegré por la excusa para escapar, “¿Ahora? ¿Está bien eso? No tardaré mucho.”
“¿Te encontrarás con tus amigos?”, Preguntó.
“Solo voy a ver a Lisa para tomar un café y conversar, lejos del resto del grupo”, le dije mientras me ponía de pie y movía mi plato al fregadero. La mentira fue más pesada en mi conciencia después de la conversación abierta que acababa de tener con él.
“Toma, espera”, dijo. Se levantó y buscó en su bolsillo su billetera. Me dio uno de diez, “Para el café. Lo siento, no tengo más. ¿Qué te diviertas?”
Lo abracé, sintiéndome dolorosamente culpable, luego me dirigí a la puerta de atrás para ponerme los zapatos. Estaba abriendo la puerta cuando apenas lo escuché decir, “Gracias.”
“Te quiero papa.”
“Yo también te quiero. Cuídate.”
Cerré la puerta, agarré la bolsa de gimnasia que había escondido debajo de los escalones de atrás y me dirigí a la casa en un trote ligero. Mantuve la bolsa de gimnasia baja para que mi papá no me viera llevándola.
Tomé la misma ruta general que tomé en mis carreras matutinas, en dirección este, hacia la bahía. Esta vez, sin embargo, en lugar de girar hacia el Paseo Marítimo, me dirigí al sur.
En su apogeo, cada pulgada de la ciudad había sido una metrópolis bulliciosa. Los barcos iban y venían a todas horas, los trenes llegaban para entregar los bienes que se enviarían al extranjero y la ciudad estaba repleta de gente. El extremo norte de la bahía, especialmente el área cercana al agua, estaba dedicado completamente a la industria. Barcos, almacenes, fábricas, ferrocarriles y hogares para todos los que se dedicaban a esos trabajos. También tenías al ferry atravesando la propia bahía.
El ferry era el proyecto particular de mi padre. Aparentemente, fue una de las primeras cosas que se fueron cuando la importación / exportación se secó. Sin el ferry, los Muelles se habían desconectado del resto de la ciudad, a menos que estuvieras dispuesto a conducir por media hora más o menos. Mi padre sostenía la opinión de que la falta de ese medio de transporte hacia el resto de la ciudad era la razón por la cual los Muelles se habían convertido en lo que eran hoy. Creía que, si el ferry comenzaba a funcionar nuevamente, se crearían puestos de trabajo, las personas en los vecindarios de bajos ingresos tendrían más acceso al resto de la ciudad, y la dinámica de clase baja o clase alta, sin clase media, de Brockton Bay se suavizaría.
Así que, cuando había estado tratando de pensar en un lugar que era bastante privado pero fácil de encontrar, pensé en el ferry. Probablemente podría agradecerle a mi papá por la idea.
Me acerqué a la estación y encontré un baño en desuso para cambiarme al traje.
El edificio y el ferry en sí estaban bien cuidados, al menos en el exterior, que fue una de las razones por las que mi padre pensó que le costaría muy poco hacer que las cosas funcionaran nuevamente. Aun así, ese no era el problema de la ciudad. No querían proporcionar a los adictos y los pandilleros un acceso fácil al resto de la ciudad, mientras pagaban por brindar el servicio, por la mera esperanza de _tal vez _obtener mejoras para el futuro. Por lo tanto, la ciudad mantuvo la estación y el ferry muy bonitos para cualquier turista que se alejara lo suficiente al sur del Paseo Marítimo y mantenía eternos carteles de ‘temporalmente fuera de servicio’ y ‘muy pronto en todo el edificio y en los folletos. Aparte de los reemplazos regulares para mantenerlos como nuevos, los carteles no se habían eliminado en casi una década.
Ignoré las puertas que daban al interior de la estación y, en su lugar, me dirigí hacia el patio exterior que daba a la bahía. Había algunos paneles grandes de vidrio para romper el viento, y mesas de piedra y bancos para aquellos que quieran sentarse a comer. Fue uno de los mejores puntos de vista para ver el Cuartel General del Protectorado[3] en todo su esplendor. El cuartel era una serie de arcos y agujas montados en una plataforma petrolera renovada. Incluso la plataforma sobre la que se construyó era hermosa, con bordes duros y líneas de barrido. Todo estaba iluminado por focos polarizados y contra una tenue corona de colores cambiantes, como la aurora boreal atrapada en forma de burbuja de jabón. Un campo de fuerza, siempre encendido, protegiendo a las personas que vigilaban Brockton Bay.
Cuartel General del Protectorado
“No estaba seguro si aparecerías”, una voz masculina rompió el silencio.
Me volví para mirar Armsmaster, “Lo siento. Tuve que colgar a tu recepcionista. Llamo la vida real.”
Parecía de alguna manera diferente a la primera vez que lo conocí. Sus labios estaban en una línea dura, sus pies más separados. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho con la alabarda en una mano, el palo apoyado contra su hombro. Transmitía una actitud tan diferente que momentáneamente me pregunté si era la misma persona bajo el traje.
“Tengo que pedir un favor”.
[1] Aleph, es la “A” en el alfabeto hebreo.
[2] Haywire: Caótico, loco o fuera de control. Normalmente referido a equipos electrónicos o electricos.
[3] PHQ: Creo ya lo mencioné antes, el Protectorate Headquarters.

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2016.11.08 13:06 EDUARDOMOLINA ENTREVISTA / Mervyn King, ex gobernador del Banco de Inglaterra: "España debería abrir un debate sobre su pertenencia a la zona euro". "No tiene ningún sentido imponer altos niveles de austeridad a países cuyo único resultado es una alta tasa de desempleo y una contracción de la demanda"

Hernán Garcés
http://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/Espana-deberia-debatir-pertenencia-euro_6_576102417.html
"El Banco de España es una institución singular: la cúpula yerra y sus inspectores aciertan. Para muestra, un botón: los inspectores avisaron al Gobierno en 2006 de la crisis que se avecinaba, alertaron años después de que la salida de Bankia supondría "nacionalizar pérdidas" y ahora denuncian "la pasividad y la autocomplacencia" de los actuales responsables de la institución. Otros vientos corren al otro lado del canal de la Mancha. El Banco de Inglaterra es una de las joyas de la corona del Reino Unido, respetado por su independencia y solidez intelectual. Si la institución mantiene su flamante prestigio después de la crisis es, en parte, gracias a un eminente profesor de economía (Harvard, MIT, LSE...), Mervyn King, que entró en la institución como economista jefe en 1991 y fue gobernador durante una década, de 2003 a 2013.
Ahora llega a las librerías El fin de la alquimia (Deusto), que ha sido celebrado por los economistas y la prensa internacional como uno de los mejores libros sobre la crisis. Cerca de cumplir los 70 años, Lord King despliega su erudición para transmitir al lector profano en economía los mecanismos de la sociedad capitalista y una completa historia de la moneda y la banca. Con la autoridad de haber sido uno de los principales protagonistas de la crisis de 2008, denuncia que el presente marco intelectual está obsoleto y que si no se hacen cambios profundos, otra crisis llegará que "colapsará nuestro sistema económico y financiero o tomará la forma de un conflicto político o incluso militar". La entrevista tiene lugar a mediados de octubre en la Facultad de Derecho de la New York University (NYU), donde King es actualmente profesor.
En su libro usted afirma que culpar a los individuos de la crisis es contraproducente. ¿Por qué?
Como explico en el libro, las personas, por naturaleza, tienden a buscar a alguien a quien culpar y castigar. ¿Pero qué ocurre si la causa del problema no sólo es de los individuos, sino del sistema? Pues que otra crisis podría volver a ocurrir. Lo hemos visto durante largos períodos de tiempo en forma de crisis bancarias; llegan a intervalos impredecibles, pero siguen llegando. Son muy difíciles de lidiar, y es la gente sencilla y trabajadora la que paga el precio, la que soporta su costo. Por ello, pienso que lo más importante que los economistas pueden hacer es intentar explicar a una audiencia mucho más amplia por qué algunas de las actuales ideas económicas nos han llevado a este desastre, y qué tenemos que hacer para cambiarlas.
Usted usted cita a Hegel ("Lo que la experiencia y la historia nos enseñan es que la gente y los gobiernos nunca han aprendido nada de la historia, o no han actuado sobre los principios que se deducen de ella"). ¿Cuándo piensa usted que la gente y los gobiernos van a aprender las lecciones de la crisis?
Me temo que hará falta otra crisis antes de que la gente realmente pueda decir que debemos hacer algo. Y pienso que la crisis de 2008 fue enorme, tanto por sus consecuencias absolutas sobre nuestras economías como por ser una crisis global que afectó a la totalidad de los países industrializados. Otra crisis del mismo tipo demostraría a la gente que hay algo esencialmente erróneo que debe ser corregido. No estoy seguro de que la gente haya aprendido, aún hoy, las lecciones de la última crisis.
Usted tiene la reputación de ser un hombre muy prudente. Sin embargo, escribió que "la siguiente crisis o colapsará nuestro sistema económico y financiero o tomará la forma de un conflicto político o incluso militar".
Pienso que sí, y lo que los políticos hacen es sólo tratar de seguir adelante, carecen de ideas. Como no han cambiado el enfoque básico, tampoco tienen respuestas. Es posible que seamos capaces de salir del paso por un largo tiempo, pero salir del paso no va a resolver el problema de volver al camino de crecimiento en el que estábamos. Después de la Gran Depresión de la década de 1930, cabía preguntarse hacia dónde iba la economía de EEUU. En realidad, veinte años después estábamos en la misma senda de crecimiento: el empleo perdido se había recuperado por completo. Estamos muy lejos de eso ahora. Podemos recuperarlo, pero solo haciendo cambios significativos en la economía mundial, tanto reequilibrando nuestras economías como reconstruyendo la forma en que regulamos las finanzas, y no veo que progresemos mucho ni en lo uno ni en lo otro.
Según el presidente del Gobierno de España, "los españoles han hecho un trabajo extraordinario en los últimos años para superar las dificultades económicas extrema y han tenido una historia de éxito que es reconocido y admirado más allá de nuestras fronteras". ¿Cuál es su evaluación de la economía española?
Obviamente ha habido algunos progresos, pero no los suficientes para que España pueda volver al pleno empleo sin tener una cuenta corriente deficitaria. Si España quisiera volver al pleno empleo pienso que sería difícil lograrlo sin tener que endeudarse de nuevo en el extranjero. Y la pregunta es, ¿ por qué alguien estaría dispuesto a prestarle a España cuando volver al pleno empleo significa tener un déficit por cuenta corriente?
Como hemos visto entre 2012 y 2015, el endeudamiento externo es posible, pero sólo funciona porque el resto del mundo piensa que cualquier préstamo a España está garantizado, esencialmente, por Alemania y otros países del Norte. Eso es algo que ellos niegan oficialmente, pero en términos prácticos la Unión Europea se las ha ido arreglando en el Sur para eliminar el déficit comercial y de cuenta corriente mediante tasas de desempleo suficientemente altas. Y España, por supuesto, aún está lejos de volver al pleno empleo.
¿En su opinión, es la austeridad un obstáculo para volver al pleno empleo?
En mi opinión, hay dos aspectos diferentes en la austeridad. Uno, que un gobierno necesita tener un programa creíble para gestionar las finanzas públicas. No puede seguir teniendo permanentemente un gran déficit presupuestario. El criterio tradicional del FMI era decir: dejemos que baje el tipo de cambio, eso hará crecer las exportaciones y te permitirá disminuir lentamente el déficit presupuestario con el tiempo, la demanda externa sostendrá a la economía y mantendrá el pleno empleo. Pero cuando pierdes la capacidad de bajar el tipo de cambio para generar mayor demanda de tus exportaciones, el único impacto que tiene la austeridad fiscal es crear más desempleo.
El verdadero problema aquí es que cuando los países del Norte de Europa se unieron a la zona euro se les dijo, y así lo dice el Tratado, que cada país se responsabilizaría de su propia deuda nacional. Después de 2010 todo eso se tiró por la ventana. En propiedad, la propuesta del Banco Central Europeo (BCE) de llevar a cabo Operaciones Monetarias de Compraventa (OMT) consistió en prometer que si un país encuentra que el tipo de interés que tiene que pagar para recibir préstamos es demasiado alto, entonces el BCE le comprará sus bonos. Eso es una transferencia de los países del Norte a los países del Sur. El BCE dijo que haría esas compras, pero en realidad nunca hicieron ninguna.
Si esas transacciones fuesen de nuevo necesarias, serían muy controvertidas, porque los economistas alemanes dicen: "Oye, mira: esta no es la unión monetaria que nosotros aceptamos firmar; nosotros firmamos una unión monetaria que no tenía una cláusula de rescate, sino sólo un Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Entonces, ¿por qué tenemos para eso que pagar por la expansión fiscal de España, Grecia, o Portugal?". Puedes entender su punto de vista. Pero, por supuesto, si vas a los países del Sur también es verdad que no tiene ningún sentido imponer altos niveles de austeridad a países cuyo único resultado una alta tasa de desempleo y contracción de la demanda.
Lo que está faltando es la capacidad de permitir modificar la tasa de cambio. Es ingenua la idea de que tú puedes sustituir la flexibilidad del tipo de cambio presionando a la baja los salarios y precios. Puedes intentarlo, pero cada vez que hemos visto eso en la historia ha demostrado ser extraordinariamente difícil y muy doloroso. La cuestión es, ¿resulta razonable hacer sufrir a España tanto dolor para hacer frente a esta situación?
¿Y cuál es su respuesta?
La preocupación que la Unión Europea debería tener es, en mi opinión, que ahora estamos embarcados en un rumbo donde tanto los países del Norte como los del Sur de alguna manera se sienten abandonados por la forma en que el euro se ha desarrollado. España, Italia, Grecia, Portugal –y hasta cierto punto incluso Francia– han estado sufriendo por estar encerrados en un sistema de tipo de cambio fijo mucho antes de que hayan convergido plenamente en un Estado donde el pueblo estuviera dispuesta a aceptarlo.
En cualquiera otra parte del mundo donde se ha dado una unión monetaria exitosa siempre ha ido acompañada de una unión fiscal y política. Hoy esto implicaría tener un único ministro de Finanzas para la zona euro, lo que significa que los impuestos y el gasto de España sería decidido por un ministro de Finanzas en Bruselas, en Berlín o donde fuera, pero no por el ministro de Hacienda español.
Bueno, si la gente en España vota por eso, la unión fiscal podría funcionar, pero no ha votado por eso ni se le ha dicho que ese es el plan, y no veo ninguna señal en algún país europeo de que quiera sacrificar su soberanía de esa forma, entregarla a un órgano central que no ha sido elegido y que no es representativo. Pienso que, en muchos sentidos, fue una irresponsabilidad empezar una unión monetaria antes de haber creado ese grado de unión política. No puedes forzar a la gente a una unión política a toda velocidad sólo porque hay una crisis. Aquella puede evolucionar orgánicamente a lo largo de cincuenta años, o de cien, no tenemos ni idea. Pero fue una locura poner primero la unión monetaria y después creer que una crisis crearía la unión política, porque lo que ha ocurrido es lo contrario.
¿Cuál es la perspectiva desde Alemania?
Cuando Alemania decidió abandonar el marco, el pueblo alemán hizo un sacrificio extraordinario. El marco era el símbolo de una Alemania democrática y exitosa después de la guerra. Mucha gente en el mundo admiraba el éxito y la estabilidad del marco, pero lo abandonaron con la esperanza de que de ese modo vincularían Alemania a Europa, demostrarían que Alemania ya no era un país del que se debía tener miedo.
¿Cuál ha sido el resultado?
Alemania es más poderosa política y económicamente hoy que en 1999 gracias al euro, y hay más sentimiento antialemán en Europa que en cualquier otro momento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esto es muy injusto para Alemania, pero se puede entender por qué la gente piensa así. No es Alemania quien está creando el problema, es la unión monetaria. Más que antialemán, la gente debería oponerse más a la unión monetaria.
En El mundo de ayer, de Stefan Zweig, se puede leer que " para el pueblo alemán el orden ha sido siempre más importante que la libertad y la justicia. El propio Goethe dijo que preferiría una injusticia a un desorden". ¿Alemania se enfrenta a un problema de orden?
Yo lo veo de otra manera. Los intereses de Alemania hoy son muy diferentes de los intereses de España, Portugal y Grecia. Sin embargo, los políticos siguen pretendiendo que sus intereses son comunes. Ellos dicen que tienen visiones diferentes sobre cómo tiene que funcionar la unión monetaria, pero eso refleja un conflicto fundamental de intereses. Ahí es donde estamos ahora. Muchas economías del Sur de Europa, sencillamente, no son competitivas con la tasa de cambio actual, y Alemania es súper competitiva. Esto significa que Alemania tiene aún un superávit por cuenta corriente enorme, que es insostenible, y que los países del Sur tendrían un abultado déficit por cuenta corriente si consiguiesen volver al pleno empleo.
La única manera de resolver esto es reconocer que el tipo de cambio debe cambiar. Sin embargo, el problema con la unión monetaria es que al no hacerlo así están creando un conflicto entre Alemania y otros países. No es que Alemania haya provocado un conflicto o quiera tenerlo, sino que están atrapados en un sistema que lo hace inevitable: esa es la razón por la cual asistimos a un diálogo de sordos. Y ahora tenemos una situación en la que la gente que está a cargo de las instituciones europeas tampoco reconoce la realidad y piensa que la respuesta es tener un único ministro de finanzas en Europa.
Muchos políticos de la Unión Europea piensan que es la solución.
Pero eso es demasiado absurdo. Es un poco como decir que la unión monetaria está causando muchos problemas, pero sabemos la solución: asumamos que Europa es un país y el problema está resuelto. Pero no lo está. Es increíble que los políticos puedan actuar en base a una premisa tan falaz. Lo extraordinario es que nunca ha habido un tiempo en nuestra historia en el que la gente en Europa pase más tiempo viajando a los demás países, estudiando y viviendo en los diferentes países que forman Europa, casándose los unos con los otros. La gente en Europa se lleva estupendamente bien, hay mucha menos tensión. Los ingleses, por ejemplo, adoran ir a otros países. Toda la cultura del Reino Unido en los últimos 60 años se ha transformado por la posibilidad de viajar a Europa. Esto no era así hace 60 o 70 años... bebían cerveza, no tenían las mismas opciones de restaurantes... Hemos visto las pinturas y la cultura de otros países de Europa; eso es algo que a todo el mundo le encanta. No hay una tendencia nacionalista contra los países.
La gente realmente quiere llevarse bien, agradarse unos a otros, intercambiar todo tipo de experiencias, pero los políticos han decidido hacer esto más difícil imponiendo a los pueblos de Europa un calendario de integración política, lo que es completamente antinatural, y una unión monetaria que está desintegrando la economía de Europa. Es una tragedia en muchos sentidos, porque los pueblos de Europa quieren llevarse muy bien y tener relaciones pacíficas, tener más comercio y quizás disfrutar de una mayor integración con el paso de los años, quién sabe.
Es extraordinario que la integración política haya sido impuesta en Europa independientemente de lo que la gente ha dicho en sus propios países. La razón por la que a los británicos les gusta ir a España es porque es diferente del Reino Unido. La idea de que no podemos ser buenos amigos unos de otros a menos que pretendamos que somos todos ciudadanos de un Estado artificial llamado Europa es bastante absurda. Eso es un falseamiento de la historia. Es realmente trágico que esta tentativa de imponer integración política y una sola unión monetaria esté siendo impuesta en un marco temporal que ha causado tanto daño a la creación de una Europa estable y pacifica.
¿Cree usted que España debería abrir un debate acerca de su pertenencia a la zona euro?
Debería haber un debate, porque creo que es uno de los mayores obstáculos para el progreso económico en Europa, y dado que Europa es el bloque monetario dominante en el mundo, incluso más grande que el bloque del dólar, en realidad es muy importante que la gente piense con cuidado acerca de lo que está logrando y si es positivo. Tratar de suprimir el debate no va a funcionar, la gente quiere hablar de ello. No se puede simplemente dejarlo en los extremos, debería ser el principal centro de discusión y debate. Cómo hacerlo es difícil. Puedo entender que el Gobierno pueda tener dificultades debido a que son miembros de un sistema al que sienten que quieren apoyar.
Pero creo que lo que deberían hacer es intentar abrir un debate a través de toda la zona euro; es decir, cómo diablos vamos a salir del lío en el que nos encontramos, no huir hacia delante a ciegas, afirmando simplemente que casi hemos llegado. Hemos tenido problemas con los mercados financieros en 2010. La idea de que hemos resuelto estos problemas creo que es totalmente falsa.
En un artículo reciente en el 'New York Review of Books', usted criticaba el trabajo de cierto tipo de prensa en el debate sobre el Brexit. En los periódicos españoles de papel es casi un tabú hablar de si España debe salir de la zona euro; es todo lo contrario en la prensa financiera inglesa. ¿En su opinión, qué papel debería jugar la prensa en el debate económico?
Una de las lecciones de nuestra experiencia en el referéndum sobre el Brexit ha sido que la única organización que realmente intentó hacer una presentación objetiva y equilibrada de los temas fue la BBC. Es interesante que fuera mucho más criticada por la gente partidaria del remain [permanecer en la UE] porque fue equilibrada. El lado del remain dijo que el otro era obviamente idiota y que no se le debía dar ningún tiempo de antena. En realidad, la BBC hizo un muy buen trabajo en circunstancias difíciles, así que creo que las emisoras del sector público tienen una gran responsabilidad para asegurar que hay un debate y presentar las diferentes partes de la discusión. Realmente es una posición extraordinaria decir que no debes dar a la otra parte ningún tiempo en la televisión o la radio porque escuchar sus argumentos podría confundir al común de la gente.
En nuestros tribunales tenemos un sistema de jurado en el que doce hombres y mujeres buenos son escogidos para estar en un jurado, no porque sean expertos en la cuestión enjuiciada sino porque a menudo son más hábiles para juzgar el carácter y decidir si alguien está mintiendo o no. Así es como nosotros organizamos la elección de nuestros líderes políticos. El electorado a menudo es lo bastante bueno como para reconocer a alguien que está intentando sinceramente hacer lo mejor posible frente a quien está tratando de engañarlo. Y esa es la gran esperanza, la salvación de la democracia. Pero requiere que la gente tenga la oportunidad de escuchar los argumentos. Me deprimió bastante nuestra campaña del referéndum en Gran Bretaña porque ambos lados se rebajaron a la propaganda. Lo interesante fue que la mayoría de la gente corriente se dio cuenta de ello.
En su libro usted ofrece un nuevo enfoque de la crisis financiera. ¿Podría explicarlo?
Es muy interesante encontrarse en Estados Unidos porque en este país hay una gran tendencia a percibir al resto del mundo como una extensión de EE UU. Piensan que todos los problemas empezaron en EE UU, que la crisis financiera iniciada en su mercado de hipotecas de baja calidad se propagó a todo el sistema bancario estadounidenses y que eso dañó a la economía de EE UU y luego a la economía mundial. Yo siempre sigo el razonamiento inverso y digo que el problema empezó en realidad en la economía mundial, que hizo caer los tipos de interés a largo plazo y los bancos centrales de Occidente respondieron a eso recortando a su vez sus tipos de interés, lo que llevó a que el precio de todos los activos fuera hacia arriba, como el de las viviendas, por lo que la gente tuvo que endeudarse más para comprar los activos o financiarlos. El sistema bancario hizo lo que se suponía que tenía que hacer: satisfacer la demanda de créditos proporcionando más préstamo. Entonces el sistema bancario se hizo muy grande, y en vez de aumentar su capital se financió con créditos, lo que fragilizó el sistema bancario y bastó una simple chispa en un mercado, el de las hipotecas de baja calidad, para que la gente se diera cuenta de hasta qué punto era riesgoso y vulnerable el sistema bancario. Y entonces todo empezó a derrumbarse.
La razón por la que pienso que esto es importante es que si adoptas el criterio tradicional de que de alguna manera todo empezó en el mercado de la vivienda, entonces piensas que una regulación minuciosa de esa sola parte del sector financiero evitará una futura crisis y que eso hará muy fácil volver a la normalidad. Aún hoy algunos bancos centrales alrededor del mundo siguen pensando que mantener los tipos de interés bajos durante un tiempo más solucionará nuestros problemas. Sin embargo, si te vas al comienzo de todo esto lo que está muy claro es que ninguna economía puede salir de esto por sí sola. Incluso China, que sabe que tiene que tiene que pasar de producir para exportar a producir para satisfacer sus propias demandas internas, ha fracasado en hacer ese cambio en los recursos; de hecho, no tiene ante sí ningún incentivo evidente para efectuar tal cambio si al mismo tiempo el resto del mundo no reequilibra también sus economías.
Lo que tenemos delante es a países que se endeudaron, incluso países como España, que deprimieron la demanda y tienen un alto desempleo, que no están volviendo en absoluto a la normalidad, y bancos centrales que acaban reduciendo los tipos de interés. No es sólo que necesitan mantener bajo los tipos de interés, sino que tienen que continuar reduciéndolos. Y es por esta escalera mecánica hacia abajo que caminan las tasas de interés sin que nadie pueda bajarse. Considero que el problema ahora es muy serio. Solo un intento realmente substancial de cooperación entre los países puede sacarnos de ahí. Uno de los grandes obstáculos es, a mi juicio, el euro."
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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